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miércoles, 29 de julio de 2015


(portada del libro EL REINO DE AKABA , 2015)


NUEVO LIBRO

Primero fue la publicación de EL ÚLTIMO HOGAR QUE NOS QUEDA (2013)

A continuación, apareció editado el segundo libro LOS AMANTES INFINITOS (2014)

Ahora llega la aparición del tercer libro de mi creación 
EL REINO DE AKABA


Ya es una realidad.
EL REINO DE AKABA,  lleno de aventuras fantásticas y acción sin tregua se encuentra ya a la venta y disponible en la web de la EDITORIAL AMARANTE.


Asimismo, en los próximos días también se podrá adquirir en la red de librerías amigas de la editorial y en la librería física, ESPACIO AMARANTE, calle Meléndez Valdés, 52 (metro de Argüelles) en Madrid.

Queda pendiente la confirmación de la fecha para la presentación oficial del libro en el mes de Septiembre o principios de Octubre en Madrid.





sábado, 18 de julio de 2015

... EN UN MINUTO ...


perteneciente al Libro
"EL ÚLTIMO HOGAR QUE NOS QUEDA"

           Como la gota de vino rojo que resbala solitaria por la copa de fino cristal, cuando separamos los labios después de beber un leve sorbo.
       De la misma manera que el agua de mar humedece mi cara, sin llegar a penetrarme el rostro y regresando intacta y sin dilación al cauce marino.
(reloj de arena en el desierto)
       Como aquella vez que observé a aquel gorrión caer a plomo de un árbol enorme, malherido y agonizante.  Situado ante él, me apresté a darle auxilio y calor, pero una vez lo hube atendido y curado, sin ninguna obligación ni deuda por su parte, tuve que dejarlo partir volando de mi mano, para continuar inalterable su camino.
      Así lo hace el polvo que desprende una espiga de trigo y se filtra por entre los dedos cuando pasamos la mano por ella, cayendo al suelo sin que de ningún modo puedas evitarlo.
     Es ese momento sublime, en el que observé el arco iris por un breve instante y al intentar echarle mano, desapareció de inmediato ante mis ojos, sin solución de continuidad.
     De la misma forma en la que se pierden los sueños y los amores que los acompañan.
     Así es todo esto y la vida que nos toca vivir, siempre entre la esperanza y el deseo, enfrentadas entre sí por los siglos de los siglos, la egoísta sensación de tenencia y la de la pérdida irremisible.
     Apretar con el puño la alegría y encontrarte que se te ha hecho pedazos en un suspiro. Tocar el cielo con las manos y precipitarte a continuación al vacío por uno de los laterales de la escalera.
        Temer siempre por algo, y ver cómo siempre al final, lo virtual se convierte en cierto y lo cierto se transforma en irremisible.

(Un reloj de sol, que mira siempre a su fuente)
      Beber en fin, suave miel que dulcifica la boca, para caerte finalmente en el estómago, como auténtica hiel amarga.
     Todo ello en un minuto, en un leve soplo de existencia.
  Entiendo por qué, el amanecer o el atardecer duran tan poco, y la angustia y el temor, subsisten por toda la eternidad.
     Definitivamente, me doy cuenta de lo corto y fugaz que resulta, en el cómputo global de lo imperecedero, el acontecer de un solitario minuto, y también y por otra parte, he podido lamentablemente comprobar de forma paralela, la magnitud de las consecuencias que éste pequeño lapso de tiempo, puede acarrearnos para siempre.”

Copyright   Faustino Cuadrado



sábado, 11 de julio de 2015







Fragmento del libro

EL REINO DE       AKABA




—En estas tierras tan áridas ―aseguran quienes saben mucho de esto― se halla la entrada al Reino de Helheim. Este reino pertenece al mundo de los muertos, como tú ya sabes, y aquí, a diferencia del Valhalla, dónde descansan la mitad de nuestros guerreros y nuestros héroes más aclamados, moran y vagan por contra y para siempre, aquellos seres fallecidos e inermes sin ningún acto heroico en su haber, sin posibilidad de disfrute alguno de los placeres inherentes al Valhalla. No debemos detenernos aquí más tiempo que el imprescindible. Deberemos llegar al mar con la máxima rapidez posible y abandonar de inmediato este peligroso lugar. Dejaremos pues el campamento tal y como está y en cuanto acabemos la comida reemprenderemos sin dilación la marcha.
Fue decir esto y otro profundo cosquilleo me recorrió la espalda. Freya, al momento, señaló con su dedo al frente mientras su rostro endurecía el gesto. Al hacer visera con mi mano e impedir que me atravesaran los ojos los últimos rayos de sol vivos, logré percibir a lo lejos y aprovechando el contraste que me brindaban las últimas luces del ocaso, un grupo de siluetas que se movían en dirección nuestra, figuras que simulaban el caminar de los hombres pero que realmente no parecían serlo. Las aún sombras se desplazaban unas veces erguidas y otras se echaban al suelo, caminando a cuatro patas como si de animales se tratara. Se iban dando empeñones y manotazos los unos a los otros y desde luego, más pronto que tarde repararían en nuestra presencia. Ahogamos de inmediato la hoguera con paletadas de tierra, aunque no confiábamos del todo en que lo hubiéramos hecho a tiempo.

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