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sábado, 30 de agosto de 2014





EL TIEMPO DE LA ESPERANZA
 
“Un alma única con dos corazones” ARISTÓTELES


      Qué difícil y cuesta arriba se nos aparenta y convierte cualquier empresa contemporánea cuando la desesperanza en estos tiempos se muestra desnuda e implacable en nuestra presencia, con su cara bien amarga y el matiz tan siniestro de su basto ropaje, profusa y netamente oscuro y cavernoso.
     La sientes instalarse en tu rostro con esa comodidad inherente que le acompaña, con la misma contundencia como se reflejaría en él el rastro del azote violento de una fusta de cuero.
        Con sus taimadas artes se adentra sin permiso en nuestro ánimo y provoca dentro de nosotros una escandalosa escabechina, una dolorosa masacre que atormenta la firmeza de nuestro de por sí ya debilitado espíritu, una ruina de la que cuesta una enormidad salir por la ferocidad mostrada y en la que se nos apunta por excesiva, la longitud de sus afiladas garras.
          Por el peso específico del enorme y poderoso esfuerzo que hay que mostrar al resistirse a ella y por el perfecto desafío que supone desecharla con firmeza después, una vez asentada, deberemos afrontarla con decidida pasión y entrega, sin permitir que nos cause además, durante el intenso fragor de la lucha mantenida, ninguna baja insoportable de entre nuestras filas.
            Malos tiempos corren para los ánimos frágiles, negras vibraciones surgen de las entrañas de la tierra y del tejido esponjoso de nuestros fatigados corazones. Invaden con aliento ponzoñosos el fresco y liviano aire de los denominados espíritus puros y libres, los cuales, sin embargo, deberán prestarse osados y audaces en confrontarlos, con el pecho al descubierto y con la mente limpia de pensamientos negativos.
        Pero nada de eso servirá sin una obligada y entrenada templanza, sin un convencido afán de firme resistencia y sin un apoyo amado y decidido que arrime el hombro a su lado y le ayude a librar hasta el último y enamorado aliento, la definitiva batalla final. La infausta desesperanza es tenaz, crecida con tanto resultado negativo y especialmente contumaz del que se alimenta. El desasosiego y la desazón suelen ser perseverantes.
           No bajéis nunca la guardia mis amadas almas atormentadas, que no os pillen de improviso las falsas apariencias que engatusan, ni los restos de naufragios a sus propias luces irremediables. Que no os asalten desprevenidos y sin una defensa adecuada.
          Es engañosa y mentirosa la escena que se os presenta. La desesperanza no se cura si no hay una tisana apropiada al caso, si no hay un remedio oportuno que ataque desde dentro sus propios fundamentos, la lógica de su natural existencia, desesperante y manifiestamente odiosa.
      Y lo peor de todo es que ahora los hados se hallan ausentes, no podemos convocarlos ni solicitar su ayuda, pues estos nada pueden hacer contra este mal que es solamente nuestro, que no es compartible.
        Depende sólo de nosotros y de nuestras propias fuerzas, también de aquel otro auxilio que puedan brindarnos desde afuera aquellos seres de luz que pelean junto a nosotros, hombro con hombro, espalda contra espalda.
      Del ánimo que presentemos y que al mismo tiempo opongamos a la triste desesperanza, dependerá el resultado final de la contienda.
         Pero todos estamos dispuestos, estamos confiados. Nuestra será la victoria.

                                        
                                                                                   Copyright © faustino cuadrado
                                                                                            

miércoles, 13 de agosto de 2014

Fragmento del libro "LOS AMANTES INFINITOS"









"LOS AMANTES INFINITOS"

nuevo libro, próxima publicación en  OCTUBRE 2014



      Jamás nos abandonamos a esas vitales pasiones que para nuestra desgracia y la de los que nos acompañan en ésto, sólo nos ocurren en esa única ocasión y no en otra, en ese certero momento de la vida y en ningún otro postrero.
      Que penosa y fatal decisión. Cómo privamos a nuestros cinco sentidos, de ese sexto que nos reclama atención y comprensión. Cómo vedamos a nuestra exigua existencia, de cosas y asuntos realmente impagables, de ese bagaje que tanto nos motivaría recordar en tantos otros momentos de recuento e inventario vital, aquel al que cada vez recurrimos de forma más frecuente con el paso de los años y que por el contrario y para nuestra continua y desesperante mortificación, acuden de modo presuroso e imparables y cuando nadie los llama, aquellos que tienen un mayor calado pero componente negativo, quedando los otros, los que no tuvimos y al mismo tiempo tanto deseamos, en clara minoría y en franca retirada.
       Cuánta pasión desaprovechada, cuánta ira contenida y qué de ternura abandonada en el desván de las dudas y los temores. Cuánta piel tersa y sensual sin acariciar, cuántas palabras de amor sin pronunciarse, cuántos gemidos de placer inexpresados, sin testigos ni pertrechos algunos que pudieran otorgarles una memoria infinita e inmortal.



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