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martes, 25 de febrero de 2014




ME HACES FALTA, MUCHA FALTA


             Un pasado y lejano día alguien me dijo en privada confianza que la auténtica valía de las personas y su verdadero e innegable carácter serán mostrados al mundo y con total espontaneidad, cuando más difíciles sean las circunstancias que exijan y motiven su puesta en escena.
             Pocas veces en nuestra escueta existencia tenemos la inmensa suerte y la posibilidad de participar y disfrutar de la vida de aquellos que enseñan y muestran tantas cosas bellas y reparadoras, como uno jamás imaginó que podrían darse.               
              Seres que te dan a probar y disfrutar con su especial contacto, esos sabores y sentimientos únicos e inolvidables que llevan impresos en su alma y que jamás se nos hubiera ocurrido pensar en la realidad de su existencia, de no haber irrumpido con tal fuerza en nuestras vidas. Lo desconoceríamos todo si no hubiéramos podido hablar y compartir con ellos sus sencillos sueños y sus grandes esperanzas.
              Pues yo conozco a alguien de esta madera y debo decir que existen de verdad espíritus así, doy fe de ello. Yo tengo la fortuna y el sentido placer de poder participar ahora en esta etapa presente de su vida y desde luego, convenir por completo en el hecho de que ella forma parte principal de la mía.
              Que me enamora su fortaleza y su espíritu, su alma indómita y apasionada, sus ojos claros y límpidos y su sincera mirada, aquella que traspasa la frontera de la fotografía y penetra en tu corazón dotándole de paz y armonía.
             Tengo la íntima satisfacción de saberme querido y respetado por ella, de percibir en mi interior su cálida y acogedora cercanía en cada momento en el que nos comunicamos y su fortaleza y su carácter indómito a cada minuto que paso sin tener noticias de ella.
              Ese ser magnífico y único se halla inmerso en una lucha incansable por su vida, en una batalla física y emocional en la que intenta vencer las graves y terribles circunstancias que tiene en contra y lo hace con la frente despejada y la mirada orgullosa al frente, con una perenne sonrisa dibujada en los labios.
              Es una criatura bella y maravillosa, es un alma libre e independiente que vela por sus amigos y disfruta con cada día de amor que le regala la vida, como si éste pudiese llegar a agotarse en algún momento. No, María Angélica, nunca lo hará, siempre tendrá suficiente para ti.
               Ella regala de continuo fascinantes sonrisas y cariñosas palabras de apoyo a quienes le rodean, cuando debiera ser ella la única receptora de la atención de las mismas.
              Esa linda mujer que un día surgió de entre las brumas de mi vida, levantando la mano y saludando mi compañía, celebrando y agradeciendo como nadie lo hizo nunca mis palabras de apoyo y cariño y convenciéndome de que éstas resultaban ser mágicas para ella y que le hacían mucho bien, que le prestaban la compañía suficiente que ella siempre deseó y necesitó de quién le rodeaba en cada momento.
                Ese ser maravilloso que me regala mariposas que surcan prestas el océano en mi busca para agradecérmelo todo, para firmar con su llegada el acuerdo de una cena futura en la que disfrutar ambos de su victoria, del éxito final de su cruzada. Una cena en la que al mirarnos fijamente a los ojos, yo podré ver ya reflejado en ellos su esquiva felicidad y la firme esperanza de que le devolverá su brillo y yo seré testigo de ello.
                Daré siempre gracias al destino que la puso en mi camino y nunca me cansaré de hacerlo porque ella me ha hecho y me hará siempre mejor ser humano, mucho más sentido y apasionado por la vida.
               Esperaré siempre con ilusión su recuperación total, su futura visita, sus gratas palabras y sus maravillosos gestos que aún no conozco, todo cuando haya vencido sus duras batallas y reconquistado el reino que persigue desde hace mucho tiempo.
               Su mirada de un azul sobresaliente será un alivio para mi espíritu cuando se pose en mi y el paseo por las calles de mi ciudad, sin prisa y agarrados de la mano bajo la radiante luz de la luna llena, será ese supremo placer fruto de una promesa cumplida y de un sueño realizado.
              Te espero impaciente, no tardes mucho. Sana y cierra pronto tus heridas y sal al mundo de nuevo, pues hay quienes lo deseamos de todo corazón y ardemos de impaciencia por ello.
               Piensa que al fin y al cabo, nos haces falta, mucha falta.

Copyright©faustinocuadrado

sábado, 15 de febrero de 2014





Lágrimas de duelo


        Hoy me he despertado rebosante de lágrimas, lágrimas de dolor y duelo, mas las perlas de agua salada y sentimiento, no partían de mis ojos, brotaban de un alma encharcada por la pena y la tristeza.
       Si partieran de los ojos podrían mitigarse, un pañuelo, una manga del abrigo, un mano amiga y unos dedos cariñosos podrían enjugarla.
      Pero las lágrimas del alma no tienen remedio, no hay solución material ni posible que las libere de su pena, de la grave aflicción que las produce.
       Hoy me he levantado sin fuerzas, sin ilusión alguna.
       Hoy me hubiera convenido abrir los ojos y volver a cerrarlos con fuerza, sin dejarme pensar en nada que tuviera que ver con levantar la sábana y arrojar las piernas al suelo.
        Este amanecer frío y gris, tan sucio de color y fealdad intrínseca, me adentrará por completo en las malas noticias que han de venir y en los inevitables quebrantos que a mi ánimo, ya de por sí maltrecho, terminarán por otorgarle la estocada final y definitiva.
        Todo se viene abajo, como la hoja del roble que sufre el desgaste del paso del tiempo.
        Nada perdura, nada se mantiene, ni siquiera el amor infinito o el amor eterno.
        Todo son trampas letales escondidas en los bordes del camino, en las propias ramas de los árboles que nos flanquean y que pretenden equivocadamente darnos solo inocente sombra.
        Tengo el corazón helado, como mis manos, sin que el terrible frío que siento pueda separarse de mi a base de mantas o infusiones calientes.
        Éste es un frío diferente, es un frío venido de muy dentro que no se mide en grados centígrados ni en vaho brumoso que surge de nuestro aliento. Es un frío atemporal, terrorífico cuando te visita y que te deja sin fuerzas y completamente encogido, sin propósito ni posibilidades de defensa frente a su doloroso soplido.
        Y a mi me ha visitado y ha jurado quedarse conmigo para siempre, pues ya me amagó en otra ocasión anterior y si bien, me perdonó a última hora, creo que en estos momentos no muestra ningún afán por marcharse.
        Tengo frío, mucho frío, y miro alrededor y no veo nada ni a nadie que pueda atemperarlo.
        Estoy solo en esto, como siempre lo estuve. A mi me toca afrontarlo en completa soledad, a mi me toca sufrirlo como a tanta y tanta otra gente que se encuentra en mi mismo estado, perdida y sin rumbo, a solas con sus promesas de sueños incumplidos y de sueños rotos que alguna vez fueron del color del oro.