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martes, 25 de noviembre de 2014

Reseña literaria:

LA NOCHE DEL TAMARINDO
de Antonio Gómez Rufo




“ De todos modos, amigo mío, el tiempo es un gran autor: siempre encuentra el final perfecto para cada historia”.


Cuando alguien decide pensar que vivir y aprovechar la vida es siempre obligatorio y que todos debemos soportarla venga como venga, debiendo además dar gracias por ello, puede ser que esté cometiendo una clara equivocación al asegurarlo.

    El multimillonario español, Vinicio Salazar, pensaba al principio de esa manera, aseguraba con su actitud y su forma de afrontar la vida, con sus miles de millones, que ésta era lo más importante y que nada debería interrumpir su disfrute, a costa de lo que fuera, a costa de quién se pusiese por el medio. El ser humano siempre ha querido vivir eternamente y Vinicio Salazar, no será una excepción.


       Pero nadie, a pesar de todo el dinero que pueda atesorar, no puede disponer de lo que el futuro y las acciones propias disponen en su contra. Todo se nos puede dar la vuelta y dejarnos con el culo al aire. A Vinicio Salazar le ocurrió algo parecido, lo tenía todo desde siempre, mas luego aconteció que comenzó a perderlo poco a poco, a base de decisiones equivocadas y normalmente inmorales. 


    En un momento determinado, Vinicio Salazar se encuentra ante el cruce de caminos que marcará definitivamente su destino, tendrá que elegir nuevamente y esa decisión final no le resultará nada fácil tomarla.


      “El manzanillo es el árbol de la muerte; el sauce, el árbol que llora: la soledad, un árbol sin raíces.”


      A Vinicio Salazar se le vino todo encima y tuvo que pensar y decidir sobre cómo afrontar la vida y cómo sortear a la muerte.


   “Decía Bukowski que una orgía es el lugar más solitario del mundo, pero sin duda lo afirmó porque nunca pasó solo la Navidad”  
afirma Vinicio Salazar en uno de los trances que le toca vivir.




   Para Vinicio Salazar, la soledad era algo insoportable, la vida, demasiado corta, demasiado parca en la generosidad del tiempo. Él y Dorian Gray, tenían mucho en común, muchas referencias de las que beber conjuntamente. Vinicio Salazar, decidió hacer algo al respecto, él no iba a ser igual que los demás.


    En “ La noche del tamarindo” la muerte es algo muy serio, y la vida, lo es aún más. Y la vida y la muerte se sufren en soledad, nadie vive y muere acompañado, a pesar de compartir tanto tiempo junto a la gente, a veces junto a los seres queridos, pero sobre todo, al lado de los que no se aman tanto. 
 

   Antonio Gómez Rufo disecciona en su obra con notoria habilidad el tema de la soledad del ser humano, haciéndolo materia imprescindible a lo largo del libro al invadir de manera inteligente las diferentes vertientes la personalidad de cada uno de los personajes. Es la invariable soledad del ser humano, la del dinero, la del egoísmo. El miedo ancestral a la muerte es el otro tema fundamental en el que el autor se recrea, es la segunda de las piedras angulares en la que se apoya el argumento de “La noche del tamarindo”.


   En esta obra de género auténticamente novelístico, Antonio Gómez Rufo mantiene una tensión narrativa más o menos plana a medida que nos adentramos en los grandes capítulos que él denomina “movimientos”, los cuales coinciden con los cuatro bloques de tramas más pequeñas y cronológicamente ordenadas, dentro del conjunto general de la obra. 
 

  Si bien comienza el libro con un ejercicio de acción inesperada, imprevisible, luego avanza en un lento y pausado cabalgar a lo largo de su trama, con impulsos de acción muy puntuales, abocándonos a un desenlace que puede ser previsible a primera vista, pero que luego no lo resulta tanto.

“La noche del tamarindo” es un texto coherente en el espacio, en el tiempo, en la ambientación de los lugares que visita la trama y también en la de los personajes. Solo existe un pero, resulta poco creible el encuentro casual de los dos protagonistas. 
 

    Con esa narración formal que mantiene la estructura del texto a lo largo de toda la narración, Antonio Gómez Rufo muestra a través de los personajes que crea, la complejidad de cada ser humano, tan similares a simple vista y tan distintos en su interior.


   El personaje principal es poderoso, dinámico y real, dolorosamente humano. Siempre pegado a la tierra y a sus necesidades, a los sueños y a las equivocaciones tan propias de los hombres. Unas veces se nos hace odioso y en otras, lo entendemos familiarmente cercano. Si bien existe un segundo personaje principal en forma de mujer policía, ésta queda un poco corta y debilitada en su fuerza expresiva, se podía esperar mucho más de ella.


    “La noche del tamarindo” es un buen libro en su conjunto, es fácil de leer, mantiene al lector interesado hasta el final, contiene numerosas citas de carácter ético que nos obligan siempre a la reflexión, y su lenguaje fluido y fresco, nos obliga a mantener la atención en la trama y pendientes del desenlace final.


   Libro recomendable para pasar unas cuantas tardes de lectura amena y entretenida.



copyright © faustino cuadrado

martes, 18 de noviembre de 2014








UN VÍNCULO DE AMOR


―Te levantaré un poco más la cabeza, mi vida, así podrás encontrar el pezón con mayor comodidad y la leche no te rebosará entonces por las comisuras de tu boca. Muy bien, eso está mucho mejor, cariño, ahora te resultará todo mucho más fácil ―le susurra embobada mientras sujeta su tierna nuca con el antebrazo izquierdo, ciñiendo al tiempo el babero a su cuello para salvaguardar en lo posible el pijamita de osos verdes pistacho y plagado de reflejos marrones que envuelve el frágil cuerpo de su hijo―.
        La cálida mirada de la madre se refleja en los iris del bebé, aún claros aunque indefinidos en su color por la falta de melanina. No obstante, existe un alto porcentaje de que finalmente imiten al azul del mar en los días de sol radiante.          
   Unos ojos que sin embargo mantienen la inmovilidad en su proyección, perdidos en su pequeño horizonte y al parecer, queriendo aprenderse de memoria el perfil y los colores de las mariposas que cuelgan del techo, bailando cada una de ellas al son del batir de sus livianas alas de papel.
    Arruga el bebé la nariz de cuando en cuando, como haciéndole ver a su madre que disfruta particularmente de la comida y de la grata compañía que ésta le brinda. Por un momento, el nene de escueta sonrisa y manitos rosadas, le regala una liviana sonrisa.
  ―Acabas de llegar a este mundo y ya te interesa todo. Acumulas tu mirada en lo que no conoces pero que bien te llama la atención. Así deberá ser siempre, cariño, no te pierdas nunca nada, descúbrelo todo. Y escuchar, prestar el oído a cualquier sonido y al menor detalle, deberás asimilar y aprender su contenido y su significado. Ahora todo parece fácil y llevadero, hasta divertido. Sin embargo, no siempre las cosas serán así, a menudo vendrán los cielos encapotados y las aguas revueltas, mas será siempre importante que estés preparado para ello, y sobre todo, muy consciente de que deberás luchar para salir adelante y nunca rendirte, jamás. A cada caída al suelo le deberá corresponder un nuevo levantar, mucho más fuerte y más decidido si cabe.
   Es muy importante cariño saber esto, llevarlo a cabo, la escurridiza felicidad que apunta la vida dependerá en gran medida de que lo hagas de esta manera.
   A ver, cielo, deja que te limpie un poco esa preciosa boquita que me comería a besos. La tienes muy sucia, cochinón...
   Mira, ángel mío, ahora solo puedes mover los ojos y un poco más los brazos y las piernas, pero cuando aprendas a caminar, cuando tu cuerpo se vea libre de las ataduras invisibles que aprisionan a los bebés, serás capaz de llegar hasta dónde tú desees. Las alturas te quedarán un poco lejanas aún, mas todo lo que quede al alcance de tus manos desearás que sea tuyo con premura, querrás disfrutarlo al máximo.
   Nos tocará a tu padre y a mi perseguirte incansables a los miles de sitios a los que pretendas llegar y conquistar. Tú esperarás aquella ocasión en la que no te estemos mirando para huir hacia lo desconocido, con pasitos cortos y rápidos, echando mano de cualquier cosa, carente de miedos y ajeno por completo a los peligros.
   No te preocupes por ello mi amor, siempre será así, aún cuando crezcas y te hagas mayor siempre me encontrarás de vigilia por ti, persiguiendo sin desmayo tu estela. Me hallarás acompañándote en tu camino y participando de tus sueños, por todo el transitar de tu vida aunque ya peines canas. Intentaré librarte de todos los peligros que te acechen y de todos los males que vigilan impávidos, el rápido transcurrir de los años. En todo momento estaré ahí, mi amor, a tu lado y en la sombra.
   La madre cambia de postura, se le ha dormido momentáneamente el brazo que soporta la cabeza del bebé que se ha quedado traspuesto, y con un suave movimiento le retira el pecho de la boca carente de dientes.
  ―¿Has acabado ya mi bien? ¿No deseas más leche? De acuerdo, deja que te levante y te limpie la cara. Así, apóyate en mi hombro y deja que palmotee suavemente tu espalda. Has de eructar, cielo, así no te dolerá la tripita y podrás dormir con placidez.
   El nene mira por encima del hombro sin lograr ver, creando al tiempo pequeñas burbujas de saliva que explotan entre sus labios y salpican el babero que protege la ropa de su madre. El bebe de tez sonrosada lo quiere decir todo pero sin poder hablar. Mueve ligeramente la cabeza, sin apenas control, y apoya su mejilla confiado en el hombro fiel de su madre, rindiéndose sin problema al pertinaz sueño que le visita.
  Su madre, aprovecha y golpea suave y rítmicamente la espalda de su hijo mientras celebran juntos el ritual del baile posterior a cada toma de comida.
   ―Si crees que esto es complicado, cielo, aguarda a la llegada de las cosas que están aún por venir. Porque tu vida apenas está comenzando, tus ojos solo conocen la luz de las mañanas en la habitación y las suaves sombras de las noches estrelladas. Pero llegará el día en el que acceda a ti la niñez en su punto álgido y que solo pienses en jugar y en divertirte, en esas maravillosas experiencias que luego de manera dolorosa al principio, echarás de menos, y en dónde la inocencia que maneja los hilos de la vida y resuelve los problemas, da paso al mundo de las graves decisiones, de las elecciones necesarias y obligatorias. Aprovecha estos y esos momentos cariño, no te los pierdas nunca, pues de ellos vivirán tus sueños adultos y tus propias realidades cuando ya seas inequívocamente mayor.
  La niñez es la época adecuada para investigar el contenido de las risas, el recorrido de los deseos y el alcance de tus sueños, pues ahí, en ese momento de tu vida, nada de todo ello acusará límite alguno, no existirán trabas que los impidan.
  Los gases que oprimen el interior del bebé ascienden presurosos como un torrente imparable por el pecho y se escapan de manera ruidosa por entre su boca, celebrando de esta manera una magnífica y provechosa digestión.
  ― Buen provecho mi niño, espero que te hayas quedado satisfecho. Veamos ahora si además has aliviado el vientre, eso sería fantástico. Si lo has hecho, te prepararé para dormir de inmediato. Deja que eche un vistazo, cielo, ¡hum! sí, parece que aquí tenemos una grata sorpresa. Creo que hemos tenido suerte y yo sé de alguien que va a sentirse muy cómodo cuando le libere de esta cochinada.
   La madre sonríe al bebé y éste consiente en devolverle la sonrisa en forma de reflejo facial. Al menos, parece estar de acuerdo con su madre.
  ―Te tumbaré y te limpiaré a conciencia, mi bien. Te cambiaré luego el pañal y estará entonces listo este señorito para irse a dormir sin más demora. Te dejo este beso como regalo por lo bien que lo has hecho, por todo lo que te amo, por aquello tan inmenso que significas para mi.
    El beso es largo y dulce. Las tiernas mejillas del bebe reciben el ósculo como con fruición, moviendo las piernas y los brazos con desenfreno, como si quisiera que no acabase nunca ese contacto tan íntimo entre madre e hijo, entre una vida recién otorgada y otra vida recibida.
  ―Mientras te beso y te aseo, escucha con atención lo que debo decirte para cuando seas un terrible adolescente. Escucha con interés estas palabras, pues es una de las épocas más difíciles y complicadas para cualquier ser humano.
   Aquí no valen las excusas, aquí solo cuenta jugar, crecer, vivir y ser feliz. Será el paso previo a la juventud y dependiendo del estado emocional en el que vivas esta etapa, así te irá en el futuro. Plantaremos entre los tres, tu padre, tú y yo las bases de ese futuro, separaremos la tierra debajo de tus pies e introduciremos tus raíces bien dentro. A continuación crearemos un cóctel de amor, respeto y dedicación y lo verteremos en el hoyo, tapándolo con la tierra y dejando que agarre. Luego, vigilaremos que el resultado crezca poco a poco, regaremos con juicio la tierra de respeto y de amor y la colmaremos de enseñanzas ciertas y de acciones de futuro. Creceremos al mismo tiempo, cariño, tú como hijo y yo como madre, será precioso conseguirlo juntos.
   El bebé bosteza cada vez con mayor frecuencia. El bienestar que le provoca la suave esponja enjabonada entre las ingles y la crema hidratante que le dispensa su madre entre suaves caricias, le complace verdaderamente, no solo le calma las molestias propias de la irritación de un pañal sucio, son también motivo de su particular nirvana en forma de trance previo al sueño, al momento más feliz que un bebé puede llegar a disfrutar.
― Ya hemos acabado mi cielo, vamos a dormir un buen rato. Ahora tienes que ser bueno y cerrar esos preciosos ojos que tienes para poder viajar al mundo de los sueños, al universo de los colores que estás comenzando a descubrir. Vamos pequeñín, tu cuna te espera.
   Mientras avanzan hacia la cuna, la madre derrocha ternura sobre el amado cuerpo que transporta en brazos, le colma de besos y de cantos que con total seguridad, ella recibió de otra boca y de otro corazón que también le amaron profundamente en su día.
  Con auténtica pena, debe depositar el cuerpo ya relajado de su hijo sobre la sábana plagada de dibujos y colorines. Acaricia sus pequeños pómulos con el dedo índice y le besa finalmente en la frente.
  ―Cuando llegues a la juventud y entres de lleno a vivirla, cuando acabes el colegio y comiences la universidad, cuando conozcas a una chica que te vuelva loco de amor y te haga perder babas por ella, que llene tu vida de sueños y de esperanza, cuando llegues a ese instante mágico que nunca olvidarás, en ese momento tan sublime, yo también estaré ahí, a tu lado, mas el otro sentimiento será tan fuerte y tan denso, que priorizará tu vida, tu día a día cotidiano.
    Yo velaré siempre por ti, te lo juro, aunque tu corazón pertenezca a otra persona y a otro corazón ajeno al mío. Serás mi pequeñín en todo momento, aunque te vistas ya por los pies y debas afeitar tu rostro cada mañana.
   Ahora duerme mi amor, descansa y sueña con el arco iris y el largo tobogán que lo conforma. Ahora es tiempo de soñar, ahora es tiempo de vivir y disfrutar, este es un tiempo para ti y para mi también. Yo cuidaré y velaré tu sueño durante toda la vida.