Google+ Followers

martes, 29 de julio de 2014




EL PECADO DE UNOS POCOS

“Aquel que mira fijamente a los ojos del hambre y a los de su penuria, acabarán secándosele los suyos de cualquier resto de lágrima”

















Se me quiebran los huesos al escuchar la voz rasgada de la gente.
Se me abren las heridas que alguna vez parecieron cicatrizadas cuando miro con fijeza a los ojos de los niños que pasan hambre, a los de sus padres sin ocupación ni oficio alguno, a los ojos de sus abuelos que sin ninguna esperanza, aguardan aferrados de la mano las horas de llegada de las sirenas de la policía y las del desahucio; en fin, me amarga la mirada de los jóvenes sin un nímino de porvenir y con futuro incierto.
Me duele el alma al vivir este tiempo, por transitar este mundo al que ya no respeto. ¿Qué mal tan terrible causaron ellos? ¿Que leyes humanas o divinas transgredieron que tan duro les castigan, que tan violentamente les maltratan?

















Sentados en el bordillo de la acera, cuatro generaciones en una sola aguardan el desenlace, cuatro generaciones que se confunden entre si nos hacen sentir dolorosamente el abandono al que se les somete. Cuatro generaciones mías que me hieren y me laceran el alma.
Detrás de las siglas de la política, disfrazados de un plus de modernidad y progreso, amparados y pagados en la fortaleza de la moneda y de sus intereses protegidos, a salvo de la herrumbre de la moral putrefacta y del entorno a medida que se han creado ellos. A cubierto de la lluvia ácida y de la mierda que ellos mismos generan, esos pocos viven y disfrutan del tiempo, del espacio que solo ellos ocupan, decidiendo por lo demás y resolviendo a su antojo sobre quién debe vivir, sobre quién debe disfrutar, sobre aquel que debe sufrir.
Y entonces me pregunto ¿dónde está el dios de los hombres? ¿ A quién podemos dirigirnos sin tener que rezar siempre y con el único objetivo de que detenga esta barbarie? ¿A quién le presento mis quejas y le solicito formalmente que castigue a los verdaderos culpables con la ira de los justos y la de la moral humana violentada?
Porque siempre hay muchos culpables que escapan a su correspondiente castigo y siempre hay algún castigo para los que nunca se les encuentra culpables. Siempre escapan los primeros a la justa sanción de los que se sienten abandonados, humillados, deprimidos y mancillados.
Cada vez me cuesta más creer en el hombre, ya tampoco creo en la vida. Solo confío en los ojos tristes pero orgullosos de aquellos que apoyando la espalda en la pared de sus vidas, aguardan la justicia que algún día tendrá que llegar.
Y lo hacen con los labios apretados y el rostro compungido, orgullosos en su gesto, solidarios con los demás y hasta consigo mismos.
Yo quiero sentarme en el frío suelo con ellos y apoyar en la pared la espalda, para echarles el brazo por encima de sus hombros y apretarlos contra mi, para paliar en la medida de mis posibilidades su total destemplanza, su inhumano abandono y su especial desasosiego.
Juntos esperaremos la venida de tiempos mejores no sin protestar, sin argumentar con pasión nuestra denuncia.
Cogeremos entre todos el impulso necesario y haremos lo que debamos hacer, ahora que ya ha llegado el tiempo de hacerlo y nos sobran las fuerzas y las ganas para cambiarlo todo.