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viernes, 7 de julio de 2017


                                        "AL FINAL"

                                                  fragmento de mi libro:

              VOCES DE INTERIOR Y LO QUE LA PIEL RESPIRA





Y AL FINAL …

Y ella se acurrucó en el hueco que quedaba entre su cuello y su pecho. Hablaba de lo bien que se encontraba en su seno, en la seguridad que le proporcionaba. Eso era algo que nunca le había ocurrido.
Decía de su olor particular y de su forma de amarla, de besar su cabello, que nadie le había amado de esa manera
—No me faltes nunca, pues tú eres la luz que me guía y el sendero por el que transcurrir mi vida -señalaba ella, mientras jugaba con los dedos de él.
Cuántas veces se habían prometido eternas bellezas, juramentos firmes en los que brillaban el amor y los sueños compartidos.
Escuchaban abrazados la música del corazón. Él levantaba su mentón y le dedicaba una mirada cargada de ternura.
—Y tú… Ya no hay nadie más que tú -susurraba en alto, acompañando el estribillo de la canción.
Para él siempre sería “solo ella”, y a cambio, ella sonreía y parecía callar emocionada.
Pero ella se deshizo en pedazos cuando él quiso volver a tocarla. Su presencia pasó a ser nada, una visión que borrosa ya, se disolvió ante sus velados ojos. En realidad, se percató de que nunca había sido.
La canción siguió reverberando entre las olas y la arena de la playa. Pero el pecho de él ahora se halla vacío, sin que nadie ocupe el hueco existente en el nacimiento de su cuello.
                                                  copyright © faustino cuadrado


miércoles, 5 de julio de 2017



RESEÑA LITERARIA 

“VIAJES CHAPUCEROS Y LUGARES ESPANTOSOS”

de Enrique Gallud Jardiel





Cuando una guía de viajes se abre por la primera página y la ponemos en marcha, cualquier cosa puede ocurrir. El viaje se sabe dónde y cómo comienza, más nunca sabremos de antemano en el lugar en el que finalizará, ni de la manera en que lo hará. Y todo lo que nos ocurre entremedias del principio y del fin, es la auténtica aventura.


VIAJES CHAPUCEROS Y LUGARES ESPANTOSOS es una guía de viajes atípica, atávica, atónita. Cuando te sumerges en ella, cuando te informas tan solo del primero de los viajes ofertados, tienes que soltar las amarras que te atan al puerto de este mundo normal en el que vives y dejarte llevar por el imaginario de su autor, ENRIQUE GALLUD JARDIEL, y que sea él quien decida el destino al que va a llevarte, designando a su gusto la identidad de tus compañeros de viaje. Eso sí, todos serán especiales y particulares, medio locos una mitad, medio histriónicos la otra, pero eso sí, repletos de humor fino y de muy poca vergüenza (ajena).


Vamos, que VIAJES CHAPUCEROS Y ESPANTOSOS no lo encontrarás en ninguna agencia de turismo de ciudad alguna del mundo. Solo podrás encontrarlo en librerías y lugares on line, donde el humor negro y las parodias cubran hasta el techo las paredes de los locales y golpeen con fuerza la puerta de entrada, pretendiendo salir al mundo y llenar nuestro universo de color del bueno y de grata frescura.


ENRIQUE GALLUD JARDIEL vuelve a sorprendernos con otro libro y a llenarnos los sentidos y el corazón de su peculiar mundo literario, lleno de divertidos disparates y de personajes complejos, pero al mismo tiempo cercanos, en donde el descalabro, el dislate y la ironía, campan a sus anchas y se vuelven arte, en donde la parodia de la vida pasada se torna contemporánea y es capaz de alegrarnos el día.


VIAJES CHAPUCEROS Y LUGARES ESPANTOSOS está lleno de luz y de situaciones extremas que revierten cotidianas. Si fuéramos capaces de leer el libro y observar al mismo tiempo, nuestro rostro en un espejo, comprobaríamos la enorme sonrisa dibujada allí, por causa del fantástico hacer de ENRIQUE GALLUD y la magia de sus historias contadas, que no por conocidas de antemano, dejan de sorprendernos por el sesgo que toman, de la mano de un insigne escritor y genial estrafalario en su decir.


Enrique resulta ser un escritor inusual, pero es alguien que no nos puede faltar en nuestra biblioteca y ha de estar situado siempre entre nuestros preferidos.
VIAJES CHAPUCEROS Y LUGARES ESPANTOSOS es no solo recomendable, es que debería ser prescrito de manera obligatoria sin receta médica y sin necesidad de consultar a nuestro farmacéutico.
    

            copyright © Faustino Cuadrado, lector crítico y profesor literario.

lunes, 1 de mayo de 2017

EL ÚLTIMO HOGAR QUE NOS QUEDA



"¿Por qué los sueños, los nuevos mundos y las quimeras están siempre en dirección oeste?"                                                                                LA CAJA CHINA   Jesús Maeso de la Torre



Fragmento de mi libro,
EL ÚLTIMO HOGAR QUE NOS QUEDA

“Como la gota de vino rojo que resbala solitaria por la copa de fino cristal, cuando separamos los labios después de beber un leve sorbo.
        De la misma manera que el agua de mar humedece mi cara, sin llegar a penetrarme el rostro y regresando intacta y sin dilación al cauce marino.
        Como aquella vez que  observé a aquel gorrión caer a plomo de un árbol enorme, malherido y agonizante.  Situado ante él,  me apresté a darle auxilio y calor, pero una vez lo hube atendido y curado, sin ninguna obligación ni deuda por su parte, tuve que dejarlo partir volando de mi mano,  para continuar inalterable su camino.
       Como el autobús que vemos arrancar de su parada  siguiendo la misma dirección que perseguíamos. Tras nuestra agobiante carrera y en un intento desesperado por alcanzarlo, comprobar que no hemos podido más allá que llegar a golpear la puerta de acceso y que ante el atormentado gesto de nuestro rostro, bañado en sudor y desesperación, el conductor, con la mirada neutra de aquel que  sólo cumple con su deber, se haya limitado simplemente a encogerse de hombros, sin ninguna intención de abrirla, dejándonos invariablemente en tierra.
         Al igual que cuando capturas una mosca y la aprietas fuerte en el interior de tu mano, intentando que no se escape por ninguna de las posibles rendijas. Fatuo intento, señores. Sin que se advierta, uno siempre se habrá relajado previamente más de la cuenta o bien, ella ya habrá encontrado en el severo cierre del puño,  un hueco lo suficiente ancho  para poder pasar a través suyo y elevar el vuelo y batir enérgica las alas a favor de viento.
         Como el polvo que desprende una espiga de trigo y se filtra por entre los dedos cuando pasamos la mano por ella, cayendo al suelo sin que de ningún modo puedas evitarlo.
        Es ese momento sublime en el que observé el arco iris por un breve instante y al intentar echarle mano, desapareció de inmediato ante mis ojos, sin solución de continuidad.
        Como aquel soberbio y frondoso helado que lleva el niño fuertemente asido  y maniatado, otorgándole el calor y candor de su lengua sin interrupción, saboreándolo despacio, muy despacio, con los ojos completamente bizcos. Sin mediar aviso, en la tranquilidad del paseo, se produce un empujón de alguien que quiere abrirse camino inmisericorde y golpea al niño y al helado al mismo tiempo, enviándoles a ambos irremisiblemente al suelo. El niño tardará algo en recuperarse del golpe, el helado no tiene remedio.
         Parecido a aquel roce de piel, que cuando quieres recordarlo en la soledad e intimidad de tu cuarto, ya no eres capaz de repetir la textura de su tacto, ni su calidez, de tan de repente como desaparece, aquella mística corpórea que no has podido retener en tu memoria, por mucho que lo hayas intentado.
       En las noches mágicas de Santa Claus o en las de los Reyes Magos, que igual da, aquellas que te mantienen ilusionado durante todo el año y luego, se han convertido al despuntar del todo  la mañana, en noches de “carbón amargo” y  juguetes sin sentido y carentes de sentimiento.
        De la misma forma en la que se pierden los sueños y los amores que los acompañan.
       Así es todo esto y la vida que nos toca vivir, siempre entre la esperanza y el deseo, enfrentadas entre sí por los siglos de los siglos, la egoísta sensación de tenencia y la de la pérdida irremisible.
        Apretar con el puño la alegría y encontrarte que se te ha hecho pedazos en un suspiro. Tocar el cielo con las manos y precipitarte a continuación al vacío  por uno de los laterales de la escalera.
        Temer siempre por algo, y ver cómo siempre al final, lo virtual se convierte en cierto y lo cierto  se transforma en irremisible.
       Beber en fin, suave miel que dulcifica la boca, para caerte finalmente en el estómago, como auténtica hiel amarga.
        Todo ello en un  minuto, en un soplo de tiempo.
        Entiendo por qué, el amanecer o el atardecer duran tan poco, y la angustia y el temor subsisten por tanto tiempo. En definitiva, me doy cuenta de lo corto y fugaz que resulta, en el cómputo global del espacio, el acontecer de un solitario minuto. También, por otra parte, he podido comrpobar lamentablemente, de manera paralela, la magnitud de las consecuencias que este pequeño lapso de tiempo puede acarrearte para siempre”.

                                                                                           copyright©faustino cuadrado

domingo, 16 de abril de 2017

"AL FINAL..."



De mi libro:


"VOCES DE INTERIOR Y LO QUE LA PIEL RESPIRA"

   “No hay miedo más grande que el que se siente cuando no se siente nada”

                                                 A la primera persona (ALEJANDRO SANZ)






Y AL FINAL …


Y ella se acurrucó en el hueco que quedaba entre su cuello y su pecho. Hablaba de lo bien que se encontraba en su seno, en la seguridad que le proporcionaba. Eso era algo que nunca le había ocurrido antes.
Le gustaba imaginar sobre su olor particular y pensar en la mejor manera de amarla, de besar su cabello. Jurar que nadie le había amado de esa manera
—No me faltes nunca, pues tú eres la luz que me guía y el sendero por el que transcurrir mi vida -señalaba ella, mientras jugaba con los dedos de él.
Cuántas veces se habían prometido eternas bellezas, juramentos firmes en los que brillaban el amor y los sueños compartidos. Escuchaban abrazados la música del corazón. Él levantaba su mentón y le dedicaba una mirada cargada de ternura.
—Y tú… Ya no hay nadie más que tú -susurraba en alto, acompañando el estribillo de la canción.
Para él siempre sería “solo ella” y a cambio, ella sonreía y parecía callar emocionada.
Pero ella se deshizo en pedazos cuando él quiso volver a tocarla.
Su presencia pasó a ser nada. Una visión que borrosa ya, se disolvió ante sus velados ojos. En realidad, se percató de que nunca había sido.
La canción siguió reverberando entre las olas y la arena de la playa. Pero el pecho de él ahora se halla vacío, sin que nadie ocupe el hueco existente en el nacimiento de su cuello.

copyright©faustinocuadrado

miércoles, 5 de abril de 2017

"LA NIEBLA QUE ME OPRIME"


Un relato intimista incluido en mi libro 

VOCES DE INTERIOR Y LO QUE LA PIEL RESPIRA


“Nunca me fío de la risa, pero tampoco del llanto. Son dos verdades a medias y a menudo ocultan lo que en realidad esconden”
 




El frío azote del viento marino cruza mi rostro. Retiro mi cabeza y echo el seguro al ojo de buey de mi camarote.
Las arrugas que la vida ha dejado impresas en mi cara facilitan que el aire circule sin trabas entre sus profundos surcos. Pero este aire de viciado aliento no provoca en mí escalofrío alguno. He sufrido cada uno de los temblores de la vida y nada logra sorprenderme ya, ni siquiera me eleva la frecuencia del pulso.
Es tan duro el curtido de la piel que me viste, que a veces siento que estoy casi tan muerto como lo está ella. Por eso he decidido emprender este postrer viaje, superadas innumerables y dolorosos escollos que han marcado mi devenir, para encontrar a solas la respuesta a muchas de mis preguntas. Aunque quizá, en realidad, deba contestarme a una sola de ellas, a la más importante.
“¿Si encuentro la fuerza y la decisión que busco, seré capaz de llevarlo a cabo?”.
Pero en el inevitable erial en el que se ha convertido el interior de mi cabeza, no diviso el objetivo que persigo con esta huida hacia adelante. No alcanzo a vislumbrar el lugar al que me conducirán estos pasos que he comenzado a dar. Y mientras no lo averigüe, la pregunta seguirá sin respuesta.
Desconozco la motivación que ha hecho de este viaje, mi única obsesión. Sin embargo, no es menos cierto, que ahora estoy mucho más asustado que cuando decidí emprenderlo. Algo terrible, aunque liberador, se esconde detrás de ese temor, más, aún, no soy capaz de descifrarlo. 
Mi cabeza sigue dándole vueltas a todo. Es incapaz de encontrar el descanso que encuentran el resto de las personas. Se extravía en la mayoría de las cosas que busca, y eso hace que asome a mis ojos la duda, ese interrogante de no saber muy bien hasta qué final va a conducirme todo esto.
Ni mi otrora fuerza interior, ni aquellas otras cosas que en tiempos pretéritos ocupaban mi mente, logran centrar ahora mis pensamientos. Noto, cómo se me dispersan, cómo se desdibujan en los renglones escritos del cuaderno de la memoria. Se difuminan ante mis ojos las figuras y los colores que pierden toda su viveza. La pena, la tristeza y la displicencia, me embargan sin poderlo evitar.
Pocas cosas tienen en estos momentos para mí, el mismo sentido que tuvo en sus orígenes.
Observo desde la atalaya de mis ojos físicos el violento y terrible oleaje del mar embravecido, con la blanca espuma de las ondas que crepitan y estallan contra la vapuleada quilla del barco.  Es el temido borbollón por el que ya de niño, tanto terror sentía. Ahora veo que se me viene encima en forma de avalancha.
“Qué sensación tan familiar la que siento ahora en mi cabeza -alcanzo a interpretar-. Con qué fuerza rompe el agua en mi mente agotada, y cuánta confusión crea en mi alma”.
Esa visión del mar embravecido, es la que obliga a mi corazón a rememorar la virulencia de las olas de la vida, cuando parte de ellas me han golpeado antes a conciencia y con la misma intensidad que ahora constato. Olas que han ido descascarillando la endeble armadura de mi ánimo, haciendo necesarias nuevas capas de pintura con las que consolidar el material interior. Al cabo de tantas manos aplicadas, esas pieles inventadas, se han superpuesto unas a las otras, obligándome a soportar la mayor de las cargas.
Pongo rumbo al oeste de mi vida, lo mismo que el barco que me transporta. Navegamos hacia aquel lugar en el que los únicos a los que considero auténticos poetas, afirman que la diosa del mar destruye al sol entre dolores y gemidos desesperanzados.
Quizá, es una particular elección considerada como cobardía en alguien que, al observar acercarse su final, se deja llevar entregado. Es posible que, se deba a un intento baldío por enmendar el camino recorrido, por evitarme un sufrimiento más entre tantos otros como hube padecidos.
Pero debo intentar centrarme ahora, aunque eso es algo que últimamente me supone un gran esfuerzo.
“No es posible deshacer las puntadas dadas en el traje de la vida” -me dijo alguien cuando yo era pequeño-.
En la pueril inocencia de mi recién estrenada senectud. En mi necedad más absoluta por intentar posibilitar lo imposible, no se me permite mantener lo bueno ocurrido en estos años, y, sin embargo, puedo recordar a la perfección tantas cosas de mi niñez y mi adolescencia. Como si estuvieran ocurriendo ahora frente a mis ojos.
A nada me conducirá presentar pataleo, renegar de aquello otro que no me ha generado alegría.
Sé que no debo esperar nada ya de este mundo de imágenes y sensaciones. Que me entregue me traerá mejor cuenta, pues es demasiado corto el futuro que me resta como para preocuparme por ello. Lo positivo de todo esto, es que ya poco más podrá quitarme de lo que ya me ha robado. 





Puede que, en último caso, logré alcanzar a comprender -antes de que me abandone por completo la conciencia- determinadas cosas que nunca logré interpretar. Y ojalá, encuentre significado a esa razón “divina” a la que adjetivan muchos así, que nos obliga a mantener vivo y de manera empecinada, un cuerpo, cuando su alma se difumina a grandes pasos en el interior del caos de la mente y cuando allí ya nada interesa, ni provoca el más mínimo sentimiento.
Quizá pueda comprender la razón del porqué se nos obliga a seguir respirando, participando de un juego que nos dejó de motivar mucho tiempo atrás.
“Estoy triste y desolado, terriblemente cansado. Mi mente, particularmente abatida en la desesperanza”.
Noto, cómo se desliza una lágrima por mi rostro. Siento en mis huesos los estragos del duro camino recorrido y la oscura bruma que me acecha.
La mente, esa extraña parte de mí que cada vez controlo menos. La laxa conciencia a la que se le escapan los colores que visten la vida, que se enreda en mi interior cada vez con mayor asiduidad, que no diferencia los matices verdaderos e importantes, de otros que ya no lo son.
Ese órgano etéreo e insustancial que todo lo domina, que todo lo ningunea cuando se halla al mando, ya no es capaz de dar las órdenes adecuadas.
Ha perdido el control supremo y anda dando tumbos de aquí para allá, adulterando la vida que me maneja, manteniéndome al pairo de los vientos de la tormenta como nave sin gobierno.
Mis amados recuerdos comienzan a aparecer borrosos y difuminados, parecen no ser ya míos. Tengo miedo por lo que supone, por lo que de soledad significará de aquí en adelante. Siento un terror infinito por no encontrar el momento adecuado para convencerme y asegurar: “¡Basta ya! Ha resultado ser suficiente”.
El viento salado que flota a mi alrededor me permite una respiración más cómoda y equilibrada. Esa inspiración que irradian mis pulmones de aire saturado y libre, aleja por unos instantes las asperezas del momento, regalándome una nitidez que no tardará mucho en alejarse.
Me duele no haber tenido un poco más de seguridad en estos tiempos tan difíciles como los que estoy viviendo.
Pero el aire fresco que se cuela por mis fosas nasales no lo es todo, y el dolor por haber llegado hasta aquí, en estas lamentables condiciones, termina por finiquitar la leve esperanza creada por el salitre del mar en el aire que me rodea.
Una nueva confusión invade mi alma y lágrimas de impotencia la inundan. Veo compungido, cómo el sol de poniente va acercándose a su cenit.
“¿Ha de ser siempre así en mi interior, entonces?”
Las pastillas que me han dado no sirven nada más que para disfrazar y relajar la realidad que me envuelve. Actúan solo para ahuyentar de manera temporal a esos horribles fantasmas que me envuelven y que se verán sustituidos de inmediato por otros nuevos, por ánimas en pena de mi pasado llamadas a capítulo, y que surgirán del espeso velo que me atrapa, con el único objetivo de aterrorizarme convenientemente, para vestir y redecorar las paredes de mi alma de verdadera angustia.
Nadie puede saber lo que uno siente cuando las brumas de la razón comienzan a ocupar ese espacio que antes solo lo habitaban, luces intensas y confortables.
Es difícil de asumir el cambio que se produce, cuando las caras y rostros conocidos dan paso al desvanecimiento de trazos ignotos y desvaídos, a los grises pálidos, a deslavazados tonos en el rugoso lienzo de nuestra memoria.
Me distraigo con los delfines que acompañan el firme avance de la nave. Observo sus cabriolas fuera del agua y los siento seguros de sí mismos, confiados en la ruta a seguir en cada momento, guiada por la información impresa en los genes de tantas generaciones como surcaron eternas las aguas de la vida.
Disfruto cuando se sumergen con esa elegancia que solo saben practicar ellos, con la alegría que transmiten saberse acompañados en la soledad de las corrientes marinas.
Quisiera ser uno de ellos, tener su seguridad y su plena conciencia. Pero eso ya no me resultará posible. La brevedad del tiempo que es la vida, ha superado el límite marcado en mi cronómetro. Ahora toca iniciar una honrosa retirada.
Debe existir una manera de solventar la angustia que me atenaza. Tiene que resultar fácil hallar la paz tan ansiada y no perder la dignidad a última hora. Lograr que el dolor se apague por una decisión personal que, aunque no a todos agrade, aunque escandalice a los moralistas que tan alto vocean, pueda permitirme un uso humano y personal de mi firmeza en la decisión, de mi postrera claridad de ideas al respecto.
Esas opiniones interesadas nada saben de mi angustia, de mi miedo. No conocen lo que verdaderamente ocurre en el interior de mi alma atormentada, de mi mente mancillada y maltratada por la vida, la cual nunca tuvo reparo en repartirme sus desgracias.
Pero creo firmemente en mi decisión, en mi anhelo de mantenerme sereno a pesar de todo, también en sus consecuencias.
No habrá nada ya que pueda impedírmelo. Se trata solo de una simple cuestión de dignidad, de una humana voluntad por resolverlo.
Y es que ese tiempo me gastó una mala pasada cuando decidió que mi cuerpo no acompañaría por siempre a mi espíritu, que por mucho que el primero mantuviese la elasticidad y el equilibrio necesario, con el paso de los años, este último quedaría huérfano de esta cualidad tan necesaria, cojo del grato y seguro sostén de la armonía.




Mi espíritu, otrora indómito, supo entonces que habría de marchar en dirección distinta a mi deseo, que pronto me abandonaría en la cuneta de una carretera secundaria, donde cualquier indicación que contuviera y por fácil que esta resultara, carecería del necesario sentido para mí.
Ahora, después de tanta búsqueda infructuosa, creo haber encontrado la señalización correcta a la cual atender. Desviarme en la bifurcación por la que deberé girar junto con el vehículo de mi vida y acceder a la salida de la vía principal, que durante tanto tiempo anduve persiguiendo.
Me ayudarán en el abandono definitivo mis amigos los delfines. Me auxiliarán con su empujón, los vientos y las mareas de levante. Lograré por fin, encontrar esa paz y el descanso que tanto anhelo.
Todo ello, deberá escribirse en el papel de mi vida antes de perder el último átomo de nitidez, mucho antes de que se me nuble del todo la razón y se me haga de noche en el interior del alma.
Deberé moverme deprisa, no sea que la espesa niebla que tanto me oprime el pecho, acabe por maniatar mis manos. Antes de que esa densa nube sin agua, con ese olor rancio a descomposición, pueda secuestrar mi natural derecho a decidir y a esa firme e inquebrantable voluntad que exhibo al respecto.

                                                         copyright©faustino cuadrado

martes, 21 de febrero de 2017


UNOS OJOS SENTIDOS

(una balada de amor y su música en mis oídos)



Mujer de claros ojos
que a mi puerta llamaste un día,
permíteme vida mía
que me clave de hinojos,
para decirte te amo,
para quererte a mi antojo.

Mujer dulce y de rostro hermoso,
que llenas con tu presencia
la desnudez de mi entorno,
imploro por tu retorno
calmando así, mi impaciencia.




Mujer de labios sensuales,
que hablas con voz bajita
y con voz queda, al alma
que, aunque parezca estar quieta,
que, aunque parezca estar calma,
no puede apagar ese fuego,
que lo que toca, lo abrasa.

No puedo dejar de mirarte,
me muero por abrazarte
y tu deseo, obtener,
con toda mi alma y mi ser,
el tiempo que haga falta, esperarte,
muy triste al amanecer,
por no poder encontrarte,
en mi lecho, en mi parte.




Mujer de pelo encrespado,
que azora mi voz y mi temple,
que hace que, en su presencia tiemble
por mi deseo desesperanzado,
a todas luces quebrado,
por no sentirte en mi mente,
por no encontrarte a mi lado.

Por lo tantas veces expresado
se me convierte en terrible,
vivir con este legado
de amores imposibles,
por los que hemos pasado.




Tu cuerpo es letra y es música,
canciones hechas sentido,
aquello que hemos vivido,
aquello que nos despierta,
la sensualidad, lo prohibido,
aquello que me interesa,
aquello no permitido,
aquello que me atraviesa
el corazón y el sentido,
el don de la vida y mi entereza,
mi realidad, el verme afligido,
la tibieza de tus manos, agradecido,
la ternura y la certeza
de saberme por ti querido.

El temido dolor y su agonía,
arrastra mi desconsuelo,
saber que puedo y no suelo,
paliar mi melancolía,
del modo que la sentía,
de mi dolor y mi duelo,
por perderte, vida mía,
por vestirme en el desconsuelo.


                                                    copyright©faustinocuadrado


Fragmento de mi libro: VOCES DE INTERIOR Y LO QUE LA PIEL RESPIRA

                                                      

sábado, 4 de febrero de 2017

UNA ESPERA MÁS, UN DÍA MENOS

"Amanece el día, el alba me descubre despierto y ensimismado, observando fijamente el blanco techo de la habitación...

Intento pestañear y no puedo, no quiero, la imagen que veo reflejada en la escayola me fascina y me lo impide al mismo tiempo. Es su rostro perfilado, son sus formas tan amadas.


Logro pasar las manos por mis ojos y me doy la vuelta en la cama. 

Miro indolente en dirección a la mesilla de noche y observo la roja luz de los números del reloj. Aún es hora de brumas y de descanso, más yo no puedo conciliar el sueño, no pude hacerlo de hecho en toda la noche.
Una leve sonrisa me invade pero nadie la ve, su grato recuerdo planea por la habitación y sé que sus suaves manos y sus ojos azules y cristalinos me acariciaron entonces y me observan ahora con especial detenimiento. 
Sé que está aquí conmigo, sé que se encuentra tumbada a mi lado, con sus largos y bellos cabellos flotando en mi hombro y con su fino mentón clavado en mi espalda. Su brazo izquierdo cuelga por encima mío abrazando mi estómago, sus rodillas se acoplan a mis corvas y su terso vientre se hunde en mi espalda, el calor tan agradable que fluye de su cuerpo, me embriaga y me envuelve.
Es en estos momentos de ausencia cuando más determino lo que ella significa para mi. Es en estos momentos de quietud laxa, de tenue luz en la habitación, cuando comprendo el verdadero alcance que tiene el hecho de su existencia, cuando la certeza de su llegada a mi, me marca con fuego y lanza el corazón y el deseo que nunca tuve a bien obtener antes en mi vida.
Sé cuánto la amo, sé cuánto me ama y la distancia y la espera la distancia y la espera son solo unos duros y pedregosos vados, una pesadilla que a menudo parece insalvable pero que en realidad no lo es, para nosotros no lo será nunca.
Doy otra vuelta en la cama y miro hacia el otro lado, observo el espacio que un día de estos ella lo ocupará de verdad y entonces seré yo quien deje su brazo derecho caer protector hasta su estómago y lo abrace, que clave dulcemente las rodillas en sus corvas y beba su cabello a grandes sorbos, que una mi vientre a su cuerpo y sienta deslizarse a través mío el intenso escalofrío del amor y del deseo, al sentir su piel de mujer cálida y sensual invadiendo la mía, su turbador y desprendido calor femenino envolviendo mis sentidos. 
Aún no es hora de salir de la cama, estoy a gusto, estoy acompañado, mi amor me entretiene y me ayuda a soportar paciente y tranquilo otro día más sin ella. 
Cuando al final me levante del lecho, comprobaré feliz que se trata verdaderamente de un día menos de espera.
                                                                                                                                                                         copyright©faustinocuadrado