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sábado, 18 de julio de 2015

... EN UN MINUTO ...


perteneciente al Libro
"EL ÚLTIMO HOGAR QUE NOS QUEDA"

           Como la gota de vino rojo que resbala solitaria por la copa de fino cristal, cuando separamos los labios después de beber un leve sorbo.
       De la misma manera que el agua de mar humedece mi cara, sin llegar a penetrarme el rostro y regresando intacta y sin dilación al cauce marino.
(reloj de arena en el desierto)
       Como aquella vez que observé a aquel gorrión caer a plomo de un árbol enorme, malherido y agonizante.  Situado ante él, me apresté a darle auxilio y calor, pero una vez lo hube atendido y curado, sin ninguna obligación ni deuda por su parte, tuve que dejarlo partir volando de mi mano, para continuar inalterable su camino.
      Así lo hace el polvo que desprende una espiga de trigo y se filtra por entre los dedos cuando pasamos la mano por ella, cayendo al suelo sin que de ningún modo puedas evitarlo.
     Es ese momento sublime, en el que observé el arco iris por un breve instante y al intentar echarle mano, desapareció de inmediato ante mis ojos, sin solución de continuidad.
     De la misma forma en la que se pierden los sueños y los amores que los acompañan.
     Así es todo esto y la vida que nos toca vivir, siempre entre la esperanza y el deseo, enfrentadas entre sí por los siglos de los siglos, la egoísta sensación de tenencia y la de la pérdida irremisible.
     Apretar con el puño la alegría y encontrarte que se te ha hecho pedazos en un suspiro. Tocar el cielo con las manos y precipitarte a continuación al vacío por uno de los laterales de la escalera.
        Temer siempre por algo, y ver cómo siempre al final, lo virtual se convierte en cierto y lo cierto se transforma en irremisible.

(Un reloj de sol, que mira siempre a su fuente)
      Beber en fin, suave miel que dulcifica la boca, para caerte finalmente en el estómago, como auténtica hiel amarga.
     Todo ello en un minuto, en un leve soplo de existencia.
  Entiendo por qué, el amanecer o el atardecer duran tan poco, y la angustia y el temor, subsisten por toda la eternidad.
     Definitivamente, me doy cuenta de lo corto y fugaz que resulta, en el cómputo global de lo imperecedero, el acontecer de un solitario minuto, y también y por otra parte, he podido lamentablemente comprobar de forma paralela, la magnitud de las consecuencias que éste pequeño lapso de tiempo, puede acarrearnos para siempre.”

Copyright   Faustino Cuadrado



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